Mostrando entradas con la etiqueta Las universidades ambateñas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Las universidades ambateñas. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de noviembre de 2009

LAS UNIVERSIDADES Y EL CONEA Por Luis Fernando Torres*

En su reciente informe entregado a la Asamblea Nacional, el Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación ubicó a unas universidades ecuatorianas en el lugar que les correspondía, por sus méritos y deméritos, y a otras, desafortunadamente, en el nivel donde no debían ser colocadas. Acertó en unos casos y se equivocó en otros.

A la Universidad Técnica de Ambato le correspondió el honor de compartir la más alta calificación con las universidades estatales de la trayectoria de las universidades: Espol, Politécnica Nacional, Politécnica de Chimborazo, Politécnica del Ejército y las centrales de Quito, Guayaquil y Cuenca, así como con cuatro universidades privadas como la Católica, Azuay, San Francisco y Loja. No erró el Conea al reconocer las fortalezas académicas y administrativas de la UTA, ubicándole dentro de la primera categoría. Se equivocó, en cambio, cuando desplazó a dos prestigiosas universidades ambateñas, la Uniandes y la Indoamérica (UTI) a lugares muy secundarios.

En los últimos tres lustros Ambato se consolidó como ciudad universitaria debido a la presencia gravitante de estas tres universidades, importantes generadoras de conocimiento y, además, de dinamismo económico. A la Universidad Indoamérica se la incluyó, injustamente, en un grupo de universidades que carecen de infraestructura y seriedad académica. Apareció repentinamente, junto a universidades que reparten títulos en los "dos o tres cuartos" donde "enseñan" a estudiantes perezosos intelectualmente bajo la dirección de profesores dedicados a pasar por alto el rendimiento estudiantil.

Los ambateños hemos sido testigos del notable crecimiento institucional de la UTI, con sus impecables instalaciones de la calle Bolívar y de la avenida Manuelita Sáenz. Edificios modernos, junto a casonas restauradas, forman parte de la infraestructura en Ambato. Las instalaciones con las que cuenta en Quito son aún más grandes e imponentes. En conjunto alberga a unos diez mil estudiantes del país.

Más allá de la infraestructura física, la UTI tiene una alta dirección preparada y un equipo de docentes, no solamente de Ambato sino del país, suficientemente informado y capacitado para formar técnicos y profesionales. Por sus programas de Maestría han pasado, como profesores o estudiantes, magistrados, fiscales, empresarios. El Conesup le ubicó, a nivel nacional, en el puesto 12 en titulación docente.

Las universidades ecuatorianas deben ser evaluadas y depuradas. Las ineficientes deben dejar de operar como universidades y sobrevivir, en el mejor de los casos, como institutos. Lo que no está bien es que se coloque a universidades serias y con infraestructura en una inmerecida situación de incertidumbre, como ha ocurrido con la UTI.

Cuando al Presidente de la República se le preguntó, después de sus críticas a la Universidad Católica de Guayaquil, si había verdaderas universidades de economía, respondió que solo tres facultades eran serias: la de la Católica de Quito, la de la ‘San Francisco’ y la de la Espol. En el informe del Conea estas universidades figuran en un lugar estelar, mientras que la Universidad de Guayaquil fue relegada a escalón intermedio.

En lugar de agrupar por categorías a las universidades ecuatorianas el Conea debió establecer un “ranking” de universidades. En Estados Unidos, por ejemplo, gracias al “ranking anual” se conoce que Harvard, Yale y el MIT ocupan los tres primeros lugares; mientras que en Gran Bretaña las universidades punteras son Oxford, Cambridge, St. Andrews, University College London y LSE.

Si vamos a construir un país próspero, la universidad ecuatoriana debería ponerse a formar ciudadanos capacitados y visionarios. El Cardenal Newman, en Irlanda, a mediados del Siglo XIX , cuando se estructuraban las universidades que conocemos hoy, dijo, a propósito de la educación superior: “En la verdadera universidad se forma un hábito mental que perdura toda la vida, cuyos atributos son la libertad, la imparcialidad, la moderación, la calma, la sabiduría… el hombre que ha aprendido a razonar y pensar, a comparar , discriminar y analizar, que ha refinado su gusto, formado su juicio y agudizado su visión intelectual, no se convertirá de inmediato en abogado, médico, hombre de negocios, ingeniero, estadista, sino que su intelecto estará en condiciones de elegir cualquiera de estas ciencias o vocaciones con una facilidad, versatilidad y éxito, que a cualquiera otro le serán desconocidas”.

El propósito de la educación universitaria no es la utilidad inmediata que le proporciona al graduado sino los frutos que le ofrece a lo largo de la vida. Las universidades cumplen su misión educadora cuando les entregan a sus estudiantes no un simple título sino una metodología, de corte humanista, para aprender dodos los días.



(*) El doctor Luis Fernando Torres, en la actualidad, es Presidente de la Corporación Autogobierno y Democracia, y fue tres veces Alcalde de Ambato y dos veces Diputado de la República del Ecuador.